CUENTOS CORTOS DE UNA VIDA LARGA

Cuentos Cortos de una Vida Larga: Mi YO Migrante

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Ahora que está tan en todo el tema de la migración…me pongo a pensar en mi vida que al fin y al cabo es una historia de migración…como la de muchos.

Primero migré de una Inglaterra destrozada, en un barco de la Cruz Roja, con una ondulante bandera blanca y roja no se fuera a equivocar algún despistado submarino alemán y lo torpedeara al otro mundo, incluida yo en mi outfit azul y mi muñeca.

Mi segunda migración fue Nueva York a México, en un Desoto del año…si, mi papá le tenía fobia a los aviones, lastre, supongo, de las noches de intensos bombardeos londinenses…

Solo recuerdo de aquel eterno trayecto por las carreteras gringas y mexicanas, las largas uñas rojas de Carmen, la secretaria que viajaba conmigo en el asiento de atrás…La migración terminó cuando vi al sambito de Pemex en la esquina de Insurgentes y Reforma, dándome la bienvenida…

Me arraigue en México, un soleado país “exótico” de los que le gustaban a mi mamá después de haber vivido en Perú, Tailandia y ocasionalmente en la India, donde el sol borraba la imagen gris de la neblina londinense.

Aunque veníamos por un lapso de tiempo que tendría fin, ese país exótico se convirtió en mi casa, mi hogar y mi patria, jurando cada lunes en el patio de la escuela con la mano sobre el pecho, apoyo a la patria que ahora resulta, no era ni es mía.

Ya en México con Elvia Martínez, con ella aprendí español

Durante años mis ires y venirse eran siempre con doble carga de documentos mi FM2 donde se rastreaban mi salidas y entradas …y mi el pasaporte inglés que era y sigue siendo mi llave al mundo.

Me convertí de migrante en migrado, una anglo con visos italoargentinos producto de otra migración, arraigada en un país esencialmente xenófobo sin ni siquiera conocer la palabra.

Al casarme con un mexicano tuve que solicitar un permiso especial en la Secretaria de Gobernación. Ahi tuve mi primera experiencia de corrupción burocrática: “se perdió su expediente” me dijo el oficial migratorio a la vez que tendía la mano, pensando, supongo, “pinche güerita o aflojas o te chingas”

Educada a la inglesa y no muy versada en corruptelas burocráticas, hui con una sensación de pánico hasta entonces desconocida. 

Mi papá, respetado diplomático, me consiguió una cita con el entonces Secretario de Gobernación, Luis Echeverría, quien de un plumazo me otorgó permiso para que yo, la inglesa que llevaba más de 20 años viviendo en México, me pudiera casar con un mexicano.

Supongo que a raíz del matrimonio me pude haberme hecho mexicana, pero la verdad,  el recuerdo del expediente perdido me borró cualquier deseo de regresar a Gobernación…además de que tendría que renunciar a mi nacionalidad inglesa. Rechazar a Mother England, ¡jamás! solo un migrante entenderá lo que es amar dos tierras, la que te vio nacer y la que te verá morir. 

Así han pasado los años, sin nunca sentir la soterrada xenofobia que siempre ha yacido en él subconsciente de aquel México pre TLC hasta que alguien a quien respetaba en el gremio de la moda, tuvo a bien referirse despectivamente a mi persona con : “Esa mujer ¡ni siquiera es mexicana!”¿Really? No se que fue peor, si lo despectivo de “esa mujer” o la acusación violenta de “ni siquiera es mexicana” como si el hecho de haber nacido mujer y en otro país, me disminuía como persona y me quitaba cualquier mérito profesional adquirido a lo largo de más de 40 años de trayectoria, dedicada a trabajar dentro del entorno mexicano de la moda.

No se porque me sentí tan ofendida…supongo que tiene que ver con el veinte que te cae de que a pesar de dos maridos mexicanos, dos hijos mexicanos y dos nietos mexicanos…a pesar de haber preferido regresar hace 55 años a México donde siempre estuvo mi casa…a pesar de haberle dado mi todo a proyectos mexicanos, sigo siendo “la pinche güerita” de aquel burócrata del expediente perdido…como si el color de piel y de ojos se pudieran comprar en el super o mejor aun en  Mercado Libre.

Después de ese reciente encontronazo con la xenofobia, resulta que a pesar de haber tenido Inapam durante años hasta que me robaron la cartera, hoy no lo puedo tener a pesar de ser FM2 desde hace 56 años pagando impuestos desde 1969. 

Me dicen que puedo nacionalizarme sin problema, bueno, siempre y cuando vaya de la mano de algún coyote…quizá lo haga o quizá seguiré siendo mexicana de aquel grupo que como bien decía la gran Chabela Vargas “los mexicanos nacemos donde se nos da nuestra regalada gana.” 

Este es mi primer cuento corto de una vida larga. Una disculpa pero creo que desayune gallo, además de que era algo que había que sacar primero para poder seguir el camino maravilloso de mi vida mexicana…los demás serán verdaderos recuerdos.

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