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FASHION QUEST: De los Vestidores de las canchas a la Pasarela

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No importa si te gusta el fútbol o no, últimamente todo termina llevándote ahí. TikTok, campañas de moda, sneakers, jerseys vintage, celebridades y pasarelas… el fútbol está en todos lados. Y eso me pasó a mí. Nunca fui la persona que esperaba un partido el fin de semana ni la que sabía alineaciones de memoria, pero sí alguien obsesionada con la moda. Con el Mundial cada vez más cerca, empecé a notar que el fútbol ya no solo vivía en los estadios; también dominaba campañas de lujo, tendencias y la manera en la que muchos hombres se visten hoy. Entonces me pregunté cómo un deporte que durante décadas fue considerado demasiado popular para la alta costura terminó convirtiéndose en una de las mayores obsesiones de la moda masculina.

Porque históricamente el fútbol y el lujo eran mundos completamente distintos. Mientras las casas de moda construían su imagen alrededor de la aristocracia, el cine y las élites, el fútbol estaba ligado a la clase trabajadora. Deportes como el tenis o el golf representaban elegancia; el fútbol representaba masas, ruido y cultura obrera.

Pero esa distancia empezó a romperse mucho antes de que las marcas lo aceptaran oficialmente.

A finales de los 70 surgieron en Reino Unido los casuals: aficionados que viajaban a partidos europeos y regresaban con prendas deportivas imposibles de conseguir en Inglaterra. Firmas como Sergio Tacchini, Fila, Lacoste, Stone Island y C.P. Company comenzaron a aparecer en las gradas como símbolos de estatus. Las Adidas Samba, Gazelle y Stan Smith dejaron de ser únicamente tenis deportivos para convertirse en códigos culturales.

Y eso es lo interesante: esta apropiación no tenía nada que ver con hacer deporte. Era una forma de diferenciarse socialmente. Jóvenes obreros comenzaron a usar ropa diseñada originalmente para deportes asociados con las élites y terminaron cambiando la relación entre fútbol y moda mucho antes de que el lujo quisiera aceptarlo.

Uno de los casos más famosos fue Burberry durante los años 90 y principios de los 2000. Su estampado Nova Check, históricamente asociado con la burguesía inglesa, fue adoptado masivamente por aficionados al fútbol. La marca reaccionó reduciendo el uso del patrón dentro de sus colecciones porque sentía que estaba perdiendo exclusividad. Lo irónico es que años después el lujo regresó exactamente a esa imagen obrera y futbolera para convertirla en inspiración editorial y herramienta de marketing.

Después apareció David Beckham y cambió por completo la imagen pública del futbolista, porque hasta ese momento el atleta masculino todavía estaba ligado a una masculinidad mucho más rígida. Beckham mezcló deporte, moda, grooming, campañas publicitarias y lujo sin preocuparse por romper esa imagen tradicional.

Sus campañas para Armani ayudaron a convertir al futbolista en un símbolo aspiracional dentro de la moda masculina. Y ahí fue cuando las marcas entendieron algo importante: el fútbol no solo vendía deporte, también vendía imagen.

Más tarde llegaron figuras como Cristiano Ronaldo, Neymar Jr. y Héctor Bellerín, que terminaron consolidando al futbolista como embajador de lujo y nuevo referente de estilo global.

Y entonces las maisons dejaron de inspirarse en el fútbol para empezar a entrar directamente en él.

En 2010, Louis Vuitton diseñó por primera vez el baúl oficial para transportar el trofeo de la Copa Mundial de la FIFA. Ese mismo año lanzó una campaña fotografiada por Annie Leibovitz protagonizada por Pelé, Diego Maradona y Zinedine Zidane jugando futbolín en Madrid. Más que una campaña deportiva, parecía una editorial sobre nostalgia masculina y lujo clásico.

Pero el momento que terminó de unir definitivamente al lujo con el fútbol llegó en 2022 con “Victory is a State of Mind”. La imagen mostraba a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo jugando ajedrez sobre un baúl Damier de Louis Vuitton antes del Mundial de Qatar. Más que una campaña deportiva, parecía una editorial sobre poder, legado y masculinidad contemporánea.

Después, las pasarelas comenzaron a llenarse de referencias futboleras. Bajo la dirección de Demna, Balenciaga incorporó jerseys oversized, pants deportivos y siluetas inspiradas en uniformes de entrenamiento. Gucci hizo algo parecido durante la era de Alessandro Michele, mezclando jerseys vintage y referencias al fútbol europeo. Después llegaron colaboraciones como Gucci x Adidas, que terminaron de borrar la línea entre sportswear y lujo.

La diseñadora Martine Rose llevó todavía más lejos esa conversación. Sus colaboraciones con Nike reinterpretaron la estética futbolera británica desde una perspectiva de género y subcultura. Su modelo Shox Mule MR4 mezclaba sneakers técnicos con la estructura de un zapato formal, cuestionando las divisiones entre sportswear, sastrería y feminidad dentro del deporte.

Las maisons también comenzaron a vestir directamente a los clubes. En 2021, Dior, bajo la dirección de Kim Jones, se convirtió en la sastrería oficial del Paris Saint-Germain. Giorgio Armani hizo lo mismo con el SSC Napoli mediante EA7, mientras Louis Vuitton diseñó equipaje y prendas exclusivas para el Real Madrid.

Y quizá una de las cosas más interesantes es cómo el estadio también se convirtió en pasarela. El llamado tunnel fit transformó las llegadas de los jugadores en una nueva alfombra roja masculina. Futbolistas como Jules Koundé, Paul Pogba y Héctor Bellerín comenzaron a trabajar con estilistas y marcas de lujo para construir identidades visuales propias frente a millones de personas en redes sociales

Al final, el lujo no solo adoptó al fútbol; el fútbol terminó cambiando la manera en la que entendemos el lujo masculino. Lo que antes era considerado demasiado popular para la alta costura hoy domina campañas, pasarelas y tendencias globales. Y honestamente, después de investigar todo esto… entiendo perfectamente por qué es imposible escapar del fútbol en este momento.

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