Calzado
El Calzado Más Codiciado del Mundial 2026 No Viene de Donde Imagina
Hay viajes que se hacen por placer, y luego hay viajes que se hacen por convicción. Este es de los dos.
Existe un pueblo que debería estar en el radar de todo amante del calzado, del diseño y de lo que significa comprar con propósito. Se llama San Mateo Atenco, y su nombre viene del náhuatl: atl, agua, y tenco, lugar de. Un municipio con raíces prehispánicas que desde 1873 hace del calzado su razón de ser. Ese año surgieron los primeros talleres familiares documentados en el Archivo Municipal del municipio, y desde entonces el oficio no ha parado: pasó del trabajo completamente manual a la introducción de maquinaria mecánica en 1913, luego a la electrificación de sus procesos en 1932, y hoy a las plataformas digitales y los canales de exportación internacional. Más de 150 años de saber hacer, transmitidos de manos a manos, de generación en generación.
Cuando se habla de calzado mexicano, el pensamiento automático va a Guanajuato. Pocos saben que a unos 60 kilómetros de la Ciudad de México existe un municipio que produce el 1.2% del total del calzado del país y representa más del 10% de todos los talleres zapateros de México. Esos números no los sostiene una corporación: los sostienen más de 1,300 familias que dependen directamente de este oficio, organizadas en dos asociaciones formales —PROCASMA, con 382 socios, y el Grupo Artesanal del Calzado, con 324— además de cerca de 100 productores independientes que operan sus propios talleres. El 80% de ellos ya trabaja en la formalidad, con registro, con factura y con visión de futuro.

Ese futuro, sin embargo, estuvo en riesgo. La competencia del calzado de importación asiática golpea fuerte: hace apenas diez años el municipio contaba con cerca de 1,200 productores activos; la presión del mercado redujo ese número a menos de 500 talleres en operación. Un zapato de importación podía costar la mitad que uno hecho en San Mateo Atenco, y el consumidor, sin información, elegía el precio. Pero el viento está cambiando: la suspensión de la importación temporal de calzado terminado le abre la puerta a que al menos el 40% de los talleres que cerraron puedan volver a encender sus máquinas. San Mateo Atenco no solo resiste; está renaciendo.
Y en ese renacimiento llega 2026, el año en que México coorganiza la Copa del Mundo junto a Estados Unidos y Canadá. Los artesanos de San Mateo respondieron como solo ellos saben: creatividad hecha calzado. Varias marcas de la plaza lanzaron colecciones de calzado mundialista —tenis elaborados de forma completamente manual, con los colores y el espíritu de la Selección Nacional. No hay producción masiva, no hay línea de ensamblaje. Cada par es una pieza con identidad propia, fabricada bajo los mismos procesos artesanales que este pueblo ha perfeccionado por más de siglo y medio. Llevar estos tenis al partido no es solo un gesto de apoyo a la Selección. Es una declaración de consumo consciente, una decisión de compra con propósito y, de alguna forma, una manera de llevar puesto a México.
El destino dentro de San Mateo Atenco es la Plaza Naranja: un mercado artesanal que concentra más de 100 marcas de calzado, cada una respaldada por una familia local. No es un centro comercial ni un outlet. Es un ecosistema vivo donde el artesano que diseñó tu zapato probablemente también te lo está vendiendo, donde un solo taller puede ofrecer hasta 80 modelos diferentes y donde la oferta va desde calzado casual y deportivo hasta piezas ortopédicas y especializadas. Aquí cada compra tiene nombre, apellido y dirección.
Aborda el Tren el Insurgente en Observatorio y baja en la parada Lerma, toma un taxi a San Mateo Atenco y en menos de 15 minutos estás caminando entre los aparadores de uno de los pueblos artesanales más vivos del país. Lleva tiempo para explorar, para preguntar, para
que te cuenten cómo se hace cada pieza.
Los tenis mundialistas ya están en los aparadores. Son piezas limitadas, son únicas y tienen historia cosida en cada suela. Porque hay zapatos que se compran, y luego hay zapatos que se eligen.
Lo hecho en México está bien hecho. Y en San Mateo Atenco, está hecho a mano desde 1873.