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Fashion Weekend: Trainspotting

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Trainspotting, el vestuario que retrató a una generación que no encajaba en la imagen británica con motivo de su 30 aniversario regresa a las salas de cine. Tres décadas después de su estreno, la película de Danny Boyle vuelve en un momento que permite mirar nuevamente la historia de Mark Renton y sus amigos, pero también el contexto que convirtió a la producción en una referencia cultural de los años noventa.

En 1996, Reino Unido proyectaba una imagen de optimismo. En la musica el Britpop ocupaba los primeros lugares y Oasis encabezaba el fenómeno la llamada Cool Britannia vendía una idea renovada de la cultura británica. Pero esa imagen no representaba a todos. En Escocia, una parte de la juventud creció entre el desempleo, las consecuencias de la desindustrialización y una crisis relacionada con el consumo de heroína. Irvine Welsh decidió escribir sobre ese entorno y Danny Boyle llevó esa realidad al cine.

 

En ese contexto, Trainspotting no necesitaba vestir a sus personajes para convertirlos en iconos. Necesitaba hacerlos reconocibles dentro de su propia realidad. Ahí estuvo una de las decisiones más importantes del trabajo de Rachael Fleming, diseñadora de vestuario de la película.

La ropa no aparece separada de las circunstancias económicas y sociales de los personajes. Fleming construyó los conjuntos a partir de prendas de segunda mano, básicos cotidianos y piezas modificadas para que mostraran desgaste. No se trataba de crear una apariencia descuidada únicamente por motivos estéticos. La ropa tenía que parecer utilizada, repetida y parte de una vida que ya existía antes de que comenzara la película.

Por eso el vestuario fue fundamental. Permitió que cada personaje tuviera una identidad propia, pero también que todos pertenecieran al mismo entorno. Spud, Sick Boy, Begbie y Renton visten de manera diferente porque ocupan posiciones distintas dentro del grupo y tienen personalidades particulares. Aun así, ninguno parece completamente ajeno al mundo en el que viven.

 

 

Mark Renton concentró gran parte de esta propuesta. Su imagen combinaba referencias de la cultura punk de los años ochenta con elementos asociados al grunge de los noventa. La elección de ropa ajustada tampoco fue accidental. Ewan McGregor perdió peso para interpretar al personaje y algunas prendas fueron modificadas para acentuar su figura extremadamente delgada.

La ropa ajustada ayudaba a construir la imagen física de Renton y, al mismo tiempo, se alejaba de la moda amplia asociada con la cultura rave que dominaba parte de la década. Trainspotting tomó una dirección distinta en un momento en el que la moda británica atravesaba otros códigos. Esa diferencia terminó llamando la atención de la industria y, con los años, la silueta del personaje se convirtió en una referencia para distintas propuestas de moda masculina.

El cambio de vestuario también acompaña la historia de Renton. Cuando intenta adoptar una apariencia formal, la ropa parece quedarle ajena. Los trajes tienen un ajuste más amplio y descuidado, como si estuviera interpretando una versión de sí mismo que todavía no termina de reconocer. La distancia entre el personaje y esa ropa ayuda a mostrar su dificultad para adaptarse a la vida que intenta construir.

 

Al final de la película, la imagen cambia. Renton sustituye algunos de sus tonos habituales y modifica la relación entre sus prendas. El vestuario sugiere la posibilidad de una nueva etapa, aunque Trainspotting nunca ofrece respuestas simples sobre lo que ocurrirá después. La ropa acompaña esa transformación sin necesidad de explicarla.

El impacto de la película también estuvo relacionado con esta forma de entender la moda. Las prendas de Trainspotting no parecían seleccionadas para una campaña o una pasarela. Eran básicas, accesibles y, en muchos casos, estaban alteradas para parecer todavía más usadas. Esa apariencia influyó posteriormente en la manera en que la moda masculina volvió a mirar los jeans estrechos, las camisetas ajustadas, la ropa deportiva y las prendas de segunda mano.

Tres décadas después, el vestuario continúa sintiéndose actual porque no dependía de seguir una tendencia específica. Rachael Fleming vistió a los personajes según su edad, situación económica y forma de vivir. Esa relación entre ropa y contexto permitió que la película construyera una imagen propia y que, con el tiempo, la industria encontrara en ella nuevas referencias.

El reestreno de Trainspotting permite regresar a una película que la ropa no estaba ahí para hacer más atractivos a sus personajes ni para transformar su realidad era para mostrar quiénes eran, de dónde venían y qué intentaban hacer con una vida en la que elegir no siempre parecía una posibilidad tan sencilla.

 

Treinta años después, quizá esa sea una de las razones por las que Trainspotting sigue generando interés. La película cambió la forma de mirar a una generación que pocas veces aparecía en la imagen oficial de su país. Y su vestuario ayudó a que esa generación tuviera un rostro reconocible.

Hoy, la película puede volver a experimentarse en pantalla grande en su reestreno por el 30 aniversario, disponible en Cinemex desde el 20 de agosto. También puede encontrarse en plataformas digitales como Apple TV y Prime Video.

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