Alta Costura

Semana de la Alta Costura París SS26: Quién Dominó el Juego Creativo

Terminó uno de los eventos más esperados del calendario de la moda: la Semana de la Alta Costura de París Primavera / Verano 2026. Durante varios días, la capital de la moda volvió a convertirse en el epicentro donde la elegancia, el lujo y la extravagancia se fusionaron. Esta semana la alta costura trascendió la pasarela para convertirse en una experiencia emocional, en la que cada casa y cada pieza construyen una narrativa que habita entre la moda, el arte y el espectáculo. Esta temporada, los shows dejaron atrás los códigos tradicionales para apropiarse de espacios emblemáticos de París, como el Grand Palais, el Musée Rodin y distintos palacios históricos.

Aquí te traemos una selección de los shows que marcaron la conversación de esta edición: propuestas que rompieron con lo esperado, elevaron el espectáculo y demostraron que la alta costura se define por la historia que se cuenta. Shows que entendieron el peso del escenario, del contexto y del timing, y que confirmaron quién domina el juego creativo… y quién solo pasó por la pasarela.

Valentino

Valentino se posicionó como uno de los shows más memorables de la Haute Couture por su tributo, su puesta escénica y su lectura sobre la herencia de la moda. Tras el fallecimiento de Valentino Garavani, la primera colección de alta costura bajo la dirección de Alessandro Michele, no era un desfile: era un homenaje. Specula Mundi nos enseñó que mirar al pasado puede ser elegante. Olvida la pasarela tradicional, los invitados contemplaron la colección a través de un Kaiserpanorama, un estereoscopio del siglo XIX que los obligaba a detenerse y observar. Aquí, el espectáculo no estaba en el impacto inmediato: estaba en la atención, en la forma en que cada pliegue, cada drapeado y cada capa contaba una historia. El rojo Valentino apareció como apertura obligada, seguido de capas, drapeados, caftanes y siluetas fluidas que dialogaron con el archivo de la casa. Plumas, bordados y aplicaciones metálicas aportaron dramatismo medido, sin excesos innecesarios. Cada look parecía pensar en voz alta, más para contar algo que para provocar aplausos. Valentino no presentó una colección: construyó un acto de memoria y un recordatorio de que la alta costura también sirve para honrar el pasado, decidir qué merece vivir y qué se convierte en leyenda.

Viktor & Rolf

Viktor Horsting y Rolf Snoeren hicieron lo que mejor saben: convertir la alta costura en performance couture. Con Diamond Kite, la dupla presentó un espectáculo que parecía flotar entre fantasía y técnica impecable, recordándonos que la moda también puede jugar, soñar y elevarse sin perder precisión. La pasarela se transformó en escenario y cada prenda cobró vida propia. Inspirados en el cerf-volantel papalote, como lo conocemos en México—, Viktor & Rolf construyeron una narrativa que conectó con la infancia, libertad y escapismo y llevaron al espectador a mirar hacia arriba, a seguir el vuelo de las formas. Siluetas estructuradas, volúmenes dinámicos y piezas que parecían flotar reforzaban esa sensación de ligereza y ascenso que atravesó todo el show. Todo comenzó en negro sobrio y contenido, hasta que el color empezó a irrumpir y a alterar el ritmo del show. Vestidos aparentemente minimalistas se transformaron frente a los ojos del público mediante elementos que viajaban de una modelo a otra, generando una secuencia precisa y casi coreografiada. El momento final —una modelo suspendida junto al papalote— no buscó impacto fácil: fue una declaración clara de cómo Viktor & Rolf entienden la alta costura hoy.

Ronald van der Kemp (RVDK)

Mientras algunas casas apostaron por el exceso y el impacto inmediato, Ronald van der Kemp jugó otra carta. Para Primavera / Verano 2026, el diseñador holandés presentó uno de los shows más personales de la semana, recordándonos que la alta costura puede ser íntima, vulnerable y humana. La pasarela se convirtió en un estudio fotográfico en vivo. Las modelos flotaban como musas en cámara lenta, mientras Van der Kemp se deslizaba entre ellas, cámara en mano, cazando cada gesto y cada mirada robada. Era un backstage secreto; como si el público tuviera acceso VIP al diario creativo del diseñador. Con textiles de archivo y sobrantes de atelier, convirtió cada pieza en un tesero. Siluetas etéreas que chocaban con líneas estructurales, capas que jugaban al escondite, texturas mezcladas y detalles tipo collage: cada look respiraba libertad, descaro creativo y un guiño secreto para quien lo observaba con atención. El mensaje estaba claro: la alta costura puede ser cercana y poética. En una semana saturada de espectáculo, Van der Kemp nos recordó que lo más poderoso se siente en silencio, en un gesto, en un suspiro. Eso es lujo, y nadie lo hace como él.

Stéphane Rolland

Olvida todo lo que creías saber de un desfile de alta costura. Stéphane Rolland transformó el Cirque d’Hiver Bouglione en su propio escenario teatral para Primavera/Verano 2026, con Parade. Pablo Picasso au cirque, una colección que parecía bailar entre arte, escultura y moda. Este no fue un show cerrado para insiders: por primera vez, el público general pudo comprar entradas y lo recaudado se destinó a la Fundación de los Hospitales, un guiño inteligente que unió glamour y causa social. Los diseños no solo impactaban a la vista, se sentían como esculturas en movimiento. Volúmenes dominantes, contrastes audaces y siluetas que oscilaban entre lo etéreo y lo estructural transformaban cada look en una pieza teatral. Cada prenda parecía tener vida propia, flotando, girando, respirando bajo la luz de la carpa. La paleta oscura, salpicada de blancos y rojos estratégicos, y los detalles tipo collage y guiños abstractos daban ese aire de sofisticación con toque artístico. Dejando al público boquiabierto: Rollando nos dejo un recordatorio de que en su mundo, la moda no camina flota, danza y exige aplausos.

Robert Wun

Robert Wun volvió a recordarnos por qué es uno de los nombres más emocionantes de la alta costura con Valor: The Desire to Create and the Courage to Carry On, presentado en el Lido Cabaret Club. Lejos de la pasarela convencional, fue una experiencia casi teatral, donde cada look contaba la historia interna de un diseñador enfrentando sus propios demonios creativos. Dividida en tres actos, la narrativa de Wun se desplegó con claridad: La Biblioteca, un regreso al impulso creativo en su forma más pura; El Lujo, donde la opulencia se convirtió en símbolo y deseo; y Valor, un acto final cargado de fuerza, resiliencia y dramatismo. Lo que realmente atrapó nuestra atención fueron las faldas amplias y bodies estructurados que definían siluetas con carácter, las piezas con toques de joyería gracias a la colaboración con Anabela Chan, y las prendas que evocaban armadura, casi como escudos de coraje. La paleta osciló entre blancos y negros puros y tonos opulentos, creando un juego de contraste entre minimalismo y extravagancia, mientras cortes y tejidos reflejaban precisión y teatralidad. Al final, Wun nos hizo ver cómo cada pieza fue un manifiesto de coraje creativo: una miniatura de teatro donde la moda no solo se viste, sino que se vive. Y mientras desfilaba la colección, era imposible no sentir que estábamos espiando un laboratorio creativo, un espacio donde talento y pasión se transforman en arte puro.

Schiaparelli

Daniel Roseberry volvió con Schiaparelli, reafirmando el espíritu surrealista que ha definido a la maison bajo su dirección. Su colección The Agony and the Ecstasy tomo como inspiración la Capilla Sixtina de Roma y la biografía de Michelangelo, explorando la dualidad entre sufrimiento y creación: un juego constante entre fuerza y delicadeza, donde lo celestial se cruza con lo visceral, convirtiéndose en metáfora de la moda misma. Roseberry diseñó desde la emoción y el gesto, dando vida a siluetas híbridas y metamórficas: vestidos y conjuntos donde partes del cuerpo humano se mezclaban con alas, plumas o rasgos animales, evocando aves de paraíso, bestias escultóricas y seres de fantasía. Plumas, bordados y aplicaciones tridimensionales dominaron la pasarela, transformando cada pieza en una escultura en movimiento que atrapaba la mirada. En conjunto, Daniel presentó un desfile donde cada look se sintió como magia, una mezcla de teatralidad donde ángeles, demonios y criaturas fantásticas parecían surgir de un mundo onírico directamente a la pasarela, confirmando que la moda puede ser tan audaz y poética como un sueño hecho realidad.

Debuts: Dior y Chanel

No podíamos dejar pasar los debuts más comentados de la semana: Jonathan Anderson para Dior y Matthieu Blazy para Chanel. Dos nuevos capítulos que reescriben la alta costura desde la visión de sus creadores, con magia, poesía y un toque de irreverencia.

Para su primer desfile couture en Dior, Anderson no presentó un desfile: creó un mundo inspirado en la naturaleza y en la delicadeza del ciclamen, la flor de la casa, el diseñador tradujo flores, fauna y conchas en tejidos que parecían moverse con vida propia. Cada prenda respiraba artesanía y movimiento, como si la pasarela fuera un jardín secreto —de esos a los que solo unos pocos tienen acceso—. Las formas escultóricas de bolsos y accesorios ampliaron el lenguaje visual de la maison, recordándonos que Dior no es solo alta costura: es un mundo que se puede tocar, sentir y soñar, donde cada detalle tiene historia y cada pétalo sabe exactamente por qué está ahí. Anderson no necesitó presentar su visión a gritos; le bastó con dejar que la naturaleza hablara por sí sola.

El debut de Blazy para Chanel transformó el espacio en un bosque encantado: setas gigantes, sauces rosas y un aire de contemplación mágica que parecía sacado de un sueño muy bien editado. Inspirado en un haiku sobre un pájaro y una seta, Blazy creó prendas que flotaban entre romanticismo y precisión artesanal, como si cada look estuviera pensado para ser descubierto, no explicado. Bordados de aves, plumas delicadas y transparencias que susurraban ligereza envolvieron chalecos, trajes y vestidos que reinterpretaron los clásicos de la maison sin perder su esencia. Incluso el icónico bolso 2.55 apareció en versiones etéreas, recordándonos —con sutileza muy Chanel— que la tradición no se rompe: se reinventa,lentamente, con poesía y modernidad.

 

Al final, lo que quedó claro esta Semana de la Alta Costura es que el impacto ya no depende únicamente de la prenda. Quienes realmente marcaron la conversación entendieron que hoy la costura se construye desde el contexto, el escenario y el relato. Porque en Alta Costura, el dónde, el cómo y el quién importan tanto como lo que se presenta. Esta edición lo dejó claro: algunas propuestas no llegaron a mostrar una colección, llegaron a crear un momento.

Cuando las luces se apagan y París vuelve a su ritmo habitual, algo permanece. La alta costura parece menos interesada en deslumbrar por exceso y más enfocada en quedarse en la memoria. Y entonces la pregunta aparece, inevitable: ¿estamos viendo moda… o siendo testigos de cómo se escribe la memoria visual de la industria?

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