Fashion Weekend

Fashion Weekend: El vestuario en Como agua para chocolate

Con la historia finalizada, Como agua para chocolate, serie basada en la novela de Laura Esquivel, permite dimensionar el alcance de una producción que encontró en el diseño de vestuario una herramienta clave para acompañar a sus personajes. A través de emociones, recetas y conflictos familiares, las prendas se integran a la narrativa como un elemento que conecta  lo íntimo con lo histórico. El vestuario se establece así como un hilo conductor que hace visible la evolución de los personajes, sus estados emocionales y el paso del tiempo dentro de un México atravesado por contrastes y un contexto de guerra.

 

En ese sentido, el vestuario establece desde el inicio una relación estrecha con el contexto histórico. Situada en el México de principios del siglo XX, la historia se construye a partir de tradiciones familiares rígidas, jerarquías marcadas. A través de las prendas, estas condiciones se hacen visibles: las siluetas cerradas, los textiles naturales y la repetición de ciertos elementos refuerzan la idea de contención. El vestuario se convierte así en una extensión del espacio que habitan los personajes, particularmente el hogar, donde gran parte de la historia tiene lugar.

La historia sigue a Tita, cuya vida está condicionada por una norma familiar que le impide casarse. Su vínculo con Pedro se desarrolla bajo esta restricción, generando una tensión constante entre deseo y deber. En este recorrido, el vestuario acompaña cada etapa. Durante la primera temporada, el diseño estuvo a cargo de Amanda Cárcamo, quien trabajó a partir de una investigación histórica enfocada en materiales, cortes y técnicas de la época. Su propuesta parte de una base realista, donde predominan telas como el algodón y el lino, así como una paleta que se mantiene contenida.

 

En esta etapa, la construcción de Tita se da desde la discreción. Sus prendas reflejan su lugar dentro de la familia: tonos claros, cortes sencillos y una presencia visual que no busca destacar. Conforme la historia avanza, estos elementos comienzan a modificarse de forma sutil. La diseñadora introduce variaciones en las texturas y pequeños contrastes que acompañan el crecimiento emocional del personaje. Este cambio progresivo permite que el espectador perciba la transformación sin que sea explícita.  Mamá Elena mantiene una imagen rígida, con estructuras firmes y colores oscuros que se repiten, proyectando control. Rosaura sus prendas siguen normas tradicionales, con siluetas cerradas y detalles que reflejan su apego a lo establecido y su intención de sostener el orden familiar. Gertrudis, en cambio, se construye desde una mayor libertad visual, con prendas que sugieren movimiento y una relación distinta con el entorno. Cada prenda  responde a la intención de diferenciar trayectorias y personalidades dentro de un mismo contexto.

 

Para la segunda temporada, el vestuario pasa a manos de Annaí Ramos, quien retoma la base establecida y la desarrolla con mayor complejidad. Aquí, la historia avanza hacia conflictos más intensos y cambios más evidentes en los personajes, lo que se refleja en una propuesta visual más rica en capas, bordados y combinaciones textiles. La diseñadora incorpora técnicas artesanales, trabajando con procesos manuales que aportan detalle y profundidad a cada prenda.

En esta etapa, el uso del color adquiere protagonismo. Los tonos cálidos se asocian con momentos de cercanía emocional, mientras que los fríos acompañan escenas de distancia o tensión, se percibe una mayor libertad en la construcción de siluetas, reflejando la evolución de los personajes frente a las normas que los limitaban.

 

Un elemento constante en ambas temporadas es la relación entre el vestuario y la cocina, eje central heredado de Como agua para chocolate. Las prendas de Tita dentro de este espacio están pensadas para integrarse con el entorno: establecen un vinculo los colores con los ingredientes, la luz y los materiales del lugar.

A nivel general, el trabajo de vestuario en la serie mantiene un equilibrio entre fidelidad histórica y una interpretación pensada para la pantalla contemporánea. Las decisiones en torno a telas, cortes y acabados responden a una investigación sólida. La continuidad entre ambas temporadas permite entender el vestuario como un hilo que acompaña toda la historia, marcando el paso del tiempo y las transformaciones internas.

 

Con todos los episodios disponibles, el vestuario se percibe como una capa fundamental para entender la serie en su totalidad. No solo contextualizan una época también una construcción de identidad visual que acompaña y define a cada personaje a lo largo de la historia.

La serie está disponible en HBO Max. Ahora que ya está completa, ¿Ya la viste?, ¿Qué te pareció el vestuario?

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