Y pues nada, caí en cuenta de que esta semana termina Los rótulos no deben morir, una exposición en la Galería José María Velasco. Tras semanas de postergar la visita, me alisté, tomé mis cosas y me aventuré a Tepito. La galería es hermosa, la muestra está muy bien montada y las piezas se sienten necesarias. Entras y te recibe un pequeño rótulo: “Bienvenides Todxs”, de Alme.Letters; el recibimiento es cálido y de inmediato te coloca en un espacio seguro.
Hubo una pieza en particular que me acompañó el resto del día: “pierdes el miedo o pierdes la oportunidad”. Lo que decía tuvo una precisión incómoda. A veces basta una frase correcta en el momento exacto para mover algo por dentro.

Pienso que los rótulos tienen esa cualidad directa. No piden permiso ni validación intelectual. Dicen lo que tienen que decir en el espacio público, con economía de recursos y claridad. Son inscripciones visibles que informan, identifican o anuncian algo en paredes, cortinas, bardas y puestos; superficies múltiples, colores abiertos, tipografías hechas a pulso. Aunque la técnica tenga raíces europeas, en México se volvió identidad urbana; se llenó de carácter, humor y oficio.
Para quien, como yo, no lo tenía del todo presente, un rótulo es mucho más que un letrero funcional. Es una forma de comunicación popular que terminó por convertirse en paisaje cotidiano. La exposición reúne archivos que cuentan parte de esa historia en la Ciudad de México: fotografías, piezas documentales e intervenciones de maestras y maestros rotulistas como Silvana Girón, Martín Hernández y Carlos Manuel Andrade “Rey Pincel”.
Me sorprendió encontrar cruces con la moda: piezas de Máscara de Mediodía intervenidas por el maestro Isaías Salgado para la colección SS2018 de Carla Fernández, así como trabajos vinculados a la colección “Mi cuerpo es mi elección” presentada en 2021. También aparecen rótulos de artistas contemporáneos como Galen, Heráclito López, Ady Bodeler y Rodrigo Rayón, que muestran cómo esta práctica se desplaza del muro al objeto utilitario y de ahí al espacio cultural; ya no solo se mira en la calle, también se aprecia como tradición visual mexicana dentro del arte.
Salí con un gran sabor de boca, con ganas de colgar una de esas piezas en mi sala y con una idea muy clara: que vivan los rótulos. La exposición termina este domingo; no se la pierdan.



















