Cultura

Fashion Quest: Fuera De La Cancha.

Últimamente no puedo dejar de notar algo, el fútbol está en todos lados. No solo en partidos o noticias, sino en la calle. Jerseys con jeans, con faldas, con tacones incluso. En campañas, en vitrinas, en gente que claramente no va camino a jugar un partido. Y sí, obviamente tiene que ver con que el Mundial se va a hacer aquí en México y cada vez se siente más cerca, pero también me hizo pensar en algo más.

¿En qué momento la jersey dejó de ser uniforme, para volverse parte del outfit?

Lo más interesante es que, en realidad, la jersey ni siquiera empezó como “prenda” en el sentido que entendemos hoy. En los primeros partidos organizados en Inglaterra, a mediados del siglo XIX, los jugadores no tenían uniforme. Literal. Cada quien jugaba con lo que tenía: ropa de trabajo, prendas de cricket, camisas pesadas. Obviamente eso era un caos. Nadie distinguía bien a los equipos. Y justo de ahí nace todo esto. No del diseño, no de la estética, sino de la necesidad de verse distintos.

Incluso el nombre lo dice todo. “Jersey” viene de la isla de Jersey, donde se hacían tejidos de lana para pescadores. O sea, lo que hoy es una de las prendas más usadas en el mundo, empezó como ropa de trabajo. Por eso las primeras camisetas eran todo menos cómodas: gruesas, pesadas, de lana o algodón, mangas largas, cuellos cerrados. Y hay un dato que me parece muy fuerte: cuando llovía, absorbían tanta agua que podían volverse muchísimo más pesadas. Literal afectaban cómo te movías.

Ya hacia 1867, equipos como Sheffield FC empiezan a usar camisetas iguales, y poco a poco los colores se vuelven importantes. Pero no porque alguien dijera “esto se ve cool”, sino porque representaban algo: escuelas, ciudades, clases sociales. Desde el inicio, la jersey no solo diferenciaba equipos, también decía de dónde venías.

Después pasa algo que me encanta porque conecta directamente con moda: el diseño no empezó por creatividad, empezó por tecnología. Y no fue casualidad. A finales del siglo XIX, Inglaterra estaba en plena Revolución Industrial, lo que significaba producción textil más rápida, más accesible y, sobre todo, más estandarizada. La demanda también había cambiado, el fútbol ya no era solo de élites, empezaba a expandirse a clases trabajadoras y a más equipos, lo que obligaba a producir prendas en mayor cantidad y con cierta consistencia visual.

En 1887 aparece una innovación importante en la industria textil, máquinas capaces de tejer patrones más complejos, como rayas en distintas direcciones. Antes de eso, los diseños estaban súper limitados. Si querías rayas verticales, por ejemplo, había que cortar la tela y coserla manualmente, lo cual era más caro, más lento y menos accesible para muchos equipos. Con esta nueva tecnología, esos patrones se vuelven mucho más fáciles de producir, más baratos y replicables.

Entonces, muchas de las camisetas que hoy vemos como icónicas, existen porque la máquina lo permitió.

Ya entrando al siglo XX, entre 1900 y 1930, la jersey empieza a tomar forma más “moderna”, más ajustada, más reconocible, más pensada como conjunto. Y luego llega algo que parece mínimo pero no lo es, los números en la espalda. Por primera vez puedes identificar a alguien dentro del equipo. Ahí empieza, sin que nadie lo dijera, toda la lógica de idolatrar jugadores.

Después llega la televisión y todo explota otra vez. Entre los 60s y 80s, cuando el fútbol empieza a transmitirse en color, las camisetas cambian muchísimo. Colores más intensos, contrastes más marcados, diseños pensados para que se vean bien en pantalla. Y casi al mismo tiempo aparece el patrocinio. Logos en el pecho, marcas, acuerdos. La jersey deja de ser solo uniforme y se vuelve imagen.

Aquí es donde figuras como Pelé y Diego Maradona cambian el significado de la camiseta. Porque ya no es solo la camiseta, es quien la lleva. Y hay un dato que lo resume perfecto, la camiseta que Maradona usó en el Mundial de 1986 se vendió en 2022 por alrededor de 9.3 millones de dólares. No por el diseño, no por el material, sino por la historia que carga. Esa fue la misma camiseta del partido contra Inglaterra, donde marcó el famoso “Gol del Siglo” y la “Mano de Dios”, dos jugadas que no solo definieron el partido, sino que quedaron grabadas en la historia del fútbol y en la memoria colectiva.

En los 90s y 2000s pasa algo todavía más interesante: la jersey se sale del estadio. Empieza a mezclarse con la calle, con la música, con el estilo urbano. Se vuelve más grande, más relajada, más cotidiana. Ya no necesitas jugar fútbol para usarla. Y aquí aparece alguien clave, David Beckham. No solo por cómo jugaba, sino por cómo se vestía. Empieza a aparecer en revistas como i-D o Dazed, ahí el futbolista deja de ser solo deportista, y se vuelve referencia estética.

Fue de los primeros en llevar la jersey fuera de la cancha y convertirla en parte del estilo, no solo del juego.

Al mismo tiempo, la jersey se convierte en un negocio gigante. Equipos como Real Madrid o Barcelona venden millones cada temporada. Hay momentos, como fichajes importantes, donde se venden cantidades absurdas en cuestión de horas. La camiseta ya no es solo identidad. Es industria.

Y luego, en los 2010s, pasa lo que ya veíamos venir: la moda de lujo se mete de lleno. Adidas, Nike, colaboraciones, pasarelas, incluso Balenciaga toma la estética del fútbol y la lleva directo al runway. Un ejemplo muy claro es el jersey de Nigeria 2018. Antes de salir, ya tenía millones de solicitudes. Después terminó en el archivo del Victoria and Albert Museum. Se agotó en minutos y se volvió viral porque mezclaba diseño llamativo con identidad cultural, pasó de uniforme a pieza de museo.

Y hoy, todo eso se siente en tendencias como el blokecore. Jerseys vintage, combinaciones simples, referencias noventeras, impulsadas por TikTok, pero también por algo más emocional, nostalgia, identidad, historia.

Y creo que justo ahí está lo interesante. La jersey nunca pidió ser protagonista. Nunca se diseñó para verse “bien” en el sentido clásico de la moda.

Pero poco a poco fue absorbiendo todo: contexto, cultura, personas, momentos.

Y ahora la usamos como si fuera cualquier otra prenda, cuando en realidad es de las pocas cosas que te puedes poner encima y que ya viene cargada de historia.

Incluso si no sabes nada de fútbol, como yo, tener una jersey ya es casi un básico. Y ahora, por lo menos, sabes todo lo que trae detrás.

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