Cultura

Fashion Quest: ¿Cuándo dejamos de vestirnos de domingo?

Para mí, el domingo es para flojear, pants, tenis, una playera cómoda y si salgo a desayunar o a hacer algo, probablemente me pongo un poco más arreglada, pero sin sacrificar la comodidad Y últimamente me he fijado en que no soy la única, si salgo un domingo, casi siempre veo a gente vestida igual: pants, sudaderas, tenis, ropa muy relajada e incluso alguna vez he llegado a ver gente en pijama.

Y no es una queja, pero sí me hizo pensar: ¿siempre han sido así los domingos?

Porque hubo un tiempo en el que el domingo no era simplemente otro día de la semana, tenía su propia forma de vestir, era el día para sacar el vestido bueno, el traje que no se usaba para trabajar, los zapatos limpios, el sombrero o los accesorios que se guardaban para una ocasión especial, entonces, ¿en qué momento dejamos de vestirnos de domingo?

La respuesta no está en una fecha exacta, fue un cambio que ocurrió poco a poco y que tomó más de un siglo.

La costumbre de reservar las mejores prendas para el domingo estuvo muy presente en la sociedad occidental del siglo XIX. En Inglaterra, la expresión Sunday best se utilizaba para hablar de la ropa más elegante que se guardaba para ir a la iglesia y para otras ocasiones especiales, para las clases trabajadoras, esa ropa no era simplemente para verse bien, era con la que se presentaban ante los demás y mostraban que también podían cumplir con las reglas de apariencia de la época. La historiadora Vivienne Richmond explica que el Sunday best funcionaba como una forma de mostrar respetabilidad, un vestido, un traje, unos zapatos o un sombrero podían ser de las prendas más importantes del guardarropa precisamente porque eran las que se utilizaban para presentarse en público.

Y no necesariamente era ropa nueva, una prenda podía limpiarse, repararse o transformarse para convertirse en ropa de domingo, en algunos casos, incluso podía empeñarse durante la semana y recuperarse después, tener algo decente que ponerse el domingo podía representar una inversión importante para una familia.

Además, el domingo no terminaba necesariamente en la iglesia, era un día para visitar a la familia, salir a caminar y ocupar los espacios públicos, la ropa también formaba parte de esa vida social, vestirse bien significaba estar preparado para salir y ser visto.

En México ocurrió algo parecido, durante el siglo XIX, la ropa estaba muy relacionada con la vida social en las calles. En la Ciudad de México, lugares como Plateros, la Alameda y distintas plazas funcionaban como espacios de paseo y convivencia , la moda ayudaba a mostrar posición social y también a construir una determinada imagen frente a los demás.

Después de asistir a misa, por ejemplo, una persona podía continuar su día paseando por la ciudad, el domingo era entonces una combinación de religión, descanso, convivencia y vida pública y para todo eso también había una manera de vestir.

Durante buena parte de la primera mitad del siglo XX, todavía existía una diferencia bastante clara entre la ropa para trabajar, la ropa cotidiana y la ropa para ocasiones especiales, el traje masculino es uno de los ejemplos más claros. Salir de casa con saco, pantalón formal, camisa, corbata y zapatos era mucho más común que ahora, la ropa casual todavía no tenía el lugar que ocupa actualmente.

Pero después de la Segunda Guerra Mundial las cosas empezaron a cambiar, la ropa deportiva comenzó a salir poco a poco de los espacios deportivos y los jóvenes empezaron a utilizar prendas que generaciones anteriores consideraban demasiado informales para determinados lugares, los jeans fueron los protagonistas de este cambio, lo que había sido principalmente ropa de trabajo comenzó a convertirse en una prenda asociada con la juventud.

Durante los años sesenta, además, la ropa empezó a utilizarse cada vez más para expresar identidad y cuestionar ciertas normas sociales, un ejemplo ocurrió durante el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Algunas mujeres jóvenes que participaban en organizaciones como el Student Nonviolent Coordinating Committee dejaron de utilizar el tradicional Sunday best y optaron por jeans y overoles de mezclilla, con ello buscaban identificarse con los trabajadores agrícolas y alejarse de ciertas ideas de respetabilidad y feminidad de clase media.

Ahí la ropa empezó a comunicar algo diferente, ya no se trataba solamente de vestir de acuerdo con la importancia de una ocasión, también podía servir para decir quién eras, con quién te identificabas o qué ideas querías representar.

 

Durante las siguientes décadas, la ropa casual siguió ganando terreno, los jeans, las playeras, los tenis y las sudaderas comenzaron a formar parte del guardarropa cotidiano y la división entre ropa para trabajar, ropa para salir y ropa para estar en casa se volvió cada vez menos estricta, para finales del siglo XX ya era mucho más normal combinar prendas de diferentes niveles de formalidad.

En los años 2010 llegó otro cambio importante con el crecimiento del athleisure y el streetwear, los leggings, joggers, sudaderas y tenis dejaron de ser prendas exclusivamente deportivas y empezaron a aparecer en todo tipo de looks, los tenis, en particular, pasaron de acompañar principalmente ropa casual a combinarse con vestidos, faldas, trajes y prendas mucho más elegantes.

Para entonces, el domingo ya no necesitaba un guardarropa propio.

 

Y entonces llegó 2020. La pandemia aceleró todavía más una tendencia que ya llevaba décadas ocurriendo, con el confinamiento y el trabajo desde casa, los pants, las sudaderas y la ropa cómoda se volvieron parte fundamental del día a día, ya no había que vestirse para ir a la oficina, tomar el transporte o cumplir con muchas de las reglas de apariencia que existían antes.

Pero la pandemia no inventó esta forma de vestir, simplemente hizo más rápido un cambio que ya estaba ocurriendo, hoy podemos desayunar en tenis, ir al museo en jeans, trabajar desde una cafetería con sudadera o salir de casa en pants sin que necesariamente parezca que estamos vestidos de manera incorrecta, incluso podemos ir en pijama y aunque todavía pueda llamar un poco la atención, ya no resulta tan extraño como habría sido hace algunas décadas.

Quién lo diría, antes, el domingo era el día para sacar tu mejor ropa, la más nueva, la que habías estado guardando para una ocasión especial, hoy, para muchos, es justo lo contrario, el día para sacar la ropa más cómoda.

Por lo menos yo, veo el domingo como ese día en el que me permito no echarle tantas ganas al look, no matarme la cabeza pensando qué ponerme y poner primero la comodidad y el descanso y la verdad, me encanta,

No sé ustedes, pero para mí un buen domingo puede incluir pants, tenis, una sudadera y cero complicaciones.

Cuéntame, ¿cuál es su atuendo de domingo?

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