Fashion Quest

Fashion Quest: El Ring Como Pasarela

A inicios de año fui a la Arena Ciudad de México, si eres mexicano, sabes que es un gran plan, esa noche presencié una función de lucha libre y, mientras veía el espectáculo, las máscaras, los colores, la energía y todo lo que pasaba en el ring, no pude evitar preguntarme cómo un deporte tan cargado de identidad, cultura y símbolos podía encajar perfectamente en un artículo de Fashion Quest. Así que me puse a investigar y lo que descubrí fue que la lucha libre ha influido en la moda, desde hace décadas diseñadores de alta costura, lujo y streetwear han tomado elementos del ring y los han llevado directo a la pasarela.

Antes de hablar de moda, vale la pena entender de dónde viene la lucha libre mexicana, el wrestling como espectáculo comenzó a tomar forma en Europa durante el siglo XIX, cuando el combate físico empezó a mezclarse con personajes, reglas pensadas para el público y una clara intención de entretener. Ese formato llegó a México y aquí encontró algo distinto, el 21 de septiembre de 1933, Salvador Lutteroth realizó el primer evento oficial de lucha libre en el país bajo la Empresa Mexicana de Lucha Libre (EMLL), a partir de ahí, la lucha libre mexicana dejó de ser solo combate y se convirtió en historia popular.

La máscara, además, no nace en el ring, su uso viene de rituales antiguos en distintas culturas, donde cubrir el rostro significaba transformarse en otra entidad: un dios, un animal, una fuerza sobrenatural, esa idea de convertirse en otro es la que llega intacta a la lucha libre. En México comenzó a verse en 1934 con luchadores como La Maravilla Enmascarada y El Murciélago Enmascarado, y más tarde con figuras como El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras, que hicieron de este elemento una identidad permanente, no era un accesorio, era el personaje.

Y es justo aquí donde esto empieza a tener todo el sentido dentro de la moda.

Porque la lucha libre además de crear héroes populares, creó un lenguaje visual, colores saturados, contrastes fuertes, lycras brillantes que funcionan como segunda piel, vinilos, charoles, capas amplias, botas con cordones traseros, siluetas que marcan el cuerpo y, sobre todo, la máscara como símbolo de identidad.

Uno de los primeros diseñadores en entender este potencial fue Jean Paul Gaultier, en su colección Primavera-Verano de 1998 en París, dedicada a México, incorporó referencias al universo de la lucha libre junto con otros símbolos culturales del país, usó telas elásticas que abrazaban el cuerpo como traje de combate, gráficos que remitían a máscaras y una energía visual que recordaba más al ring que a la pasarela tradicional.

Pero fue en 2015, durante su despedida del prêt-à-porter, cuando esta referencia se volvió completamente explícita, Gaultier transformó el desfile en un espectáculo llamado “Miss Lucha Libre” dentro de un teatro parisino, en un momento central del show, una “banda de luchadoras” apareció en pasarela y realizó un enfrentamiento coreografiado usando máscaras trabajadas con encaje, pedrería y lentejuelas, no eran disfraces, eran piezas de alta costura construidas como máscaras reales. Las referencias visuales estaban inspiradas en luchadores como Último Guerrero, Rey Mysterio, Volador Jr. y Sexy Star, para Gaultier, la luchadora representaba a la mujer que controla su imagen, la máscara no ocultaba, le daba poder visual.


Esta influencia no se quedó en la alta costura, encontró un espacio muy natural en el streetwear y en la moda deportiva. En 2021, Nike lanzó un pack inspirado directamente en la lucha libre mexicana con modelos como el Air Force 1, Blazer Mid y Air Max. Materiales brillantes, combinaciones de color muy marcadas y detalles que remitían al enfrentamiento entre técnicos y rudos. Más adelante, Jordan Brand presentó la colección “El Vuelo”, donde patrones geométricos, colores intensos y detalles de construcción tomaban como referencia la máscara y la agilidad aérea del luchador.

Pero esta conexión no solo la han tenido marcas internacionales. Diseñadores mexicanos también han trabajado esta iconografía desde un lugar mucho más cercano.

Ricardo Seco, llevó esta referencia a la pasarela de Nueva York en su colección Otoño 2019 titulada “Resist/Resiste”. La inspiración fue Tepito, un barrio históricamente ligado a campeones de box y lucha libre, Seco presentó sudaderas con gráficos de máscaras, leggings de lycra que imitaban directamente el uniforme del luchador y una mezcla muy clara de satén, cuero, vinilo y lycra aplicada en chaquetas varsity y puffer, aquí la lucha libre no aparecía como folclor, sino como símbolo de identidad urbana y resistencia social que existe fuera del ring, pero que nace en él.

Más recientemente, el diseñador tapatío Jonathan Morales, director creativo de NoName, presentó en Harbin Fashion Week en China una colección donde la gráfica, los símbolos y el lenguaje urbano de México integraron máscaras de lucha libre dentro de sus diseños, la máscara apareció no como disfraz, un código visual inmediato que habla de México en un contexto internacional.

Diseñadores como Rick Owens también han explorado esta relación desde otro ángulo, utilizando siluetas que recuerdan a luchadores, prendas que funcionan como segunda piel y una visión del cuerpo casi escultórica que conecta con la presencia física que tiene un luchador en el ring.

La razón por la que esta conexión funciona tan bien es sencilla, la lucha libre y la moda hacen lo mismo, construyen personajes y empoderan a través de la vestimenta. El luchador entra al ring con un atuendo que cuenta quién es antes de que haga el primer movimiento. La moda hace exactamente eso todos los días, pero en otro escenario.

La capa, la lycra, los acabados brillantes y las botas con cordones traseros hoy aparecen reinterpretados en pasarela, en el athleisure de lujo y en el calzado urbano, elementos que nacieron en el ring y hoy forman parte del lenguaje de la moda.

Después de esa noche en la Arena Ciudad de México entendí algo: la lucha libre y la moda funcionan igual, lo que vestimos dice quiénes somos. Por eso, lo que sucede en el ring termina encontrando su lugar en la pasarela como fuente de inspiración.

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